Hace ya unos cuantos meses que desde las Organizaciones Internacionales venimos advirtiendo de la peligrosidad de la llamada “Ley Anti-Homosexual” que ha aprobado el Gobierno de Uganda. Una normativa, que a parte de violar los Derechos Humanos, fue planteada y rechazada ya en dos ocasiones previas (2009 y 2012) en el Parlamento de esta nación africana. Esta normativa no solo fue ratificada el pasado mes de diciembre bajo la presión casi unánime de la Comunidad Internacional, si no que iba mucho más allá de los términos empleados en otras naciones con normativas y persecuciones similares y establecía un tipo delictivo concreto de “homosexualidad con agravantes” para los “reincidentes” que les enfrentaba a condenas que plantean la Pena de Muerte.
No ha sido hasta hace escasos días cuando el Gobierno ha imputado por primera vez el delito, lo que de nuevo ha desatado las críticas a nivel internacional y ha puesto el foco en el retroceso de los derechos del Colectivo LGTBIQ+ en el panorama internacional y sobre todo en las amenazas que suponen las agendas de odio y cercenamiento de derechos.
Más allá del caso concreto, debemos preguntarnos los motivos por los cuales una ley que no prosperó en décadas pasadas sin embargo sí que ha podido hacerlo ahora, motivos que van mucho más allá del contexto que vive Uganda y que responden a un movimiento global de odio que no se ampara exclusivamente en las redes sociales, si no en el miedo y en la segmentación social intencionada para crecer y hacerse con el poder. No solo en África, si no también en Occidente y Asia.
Hay fuertes intereses que empujan a grupos políticos y religiosos a alimentar el odio hacia las personas del colectivo a escala global y aunque no podemos demostrar que estos se estén articulando, lo que si que es palpable ya es la hoja de ruta compartida y la utilización de una metodología que marca pasos a seguir en la consecución de su objetivo a la hora de convertir a todos los que no siguen sus cánones morales en el “enemigo público”. Unas agendas que sin lugar a dudas son la delicia de populistas políticos de medio planeta, que faltos de razón, argumentario o figuras intelectuales de peso en sus filas, siempre son amigos del “divide et impera”.
En Uganda vemos hoy el resultado de décadas de “discursos ultra” de diversos tipos y orígenes, pero que paso a paso, primero con estigmas, posteriormente defendiendo la coacción familiar basada en creencias o dogmas y el control parental de los menores LGTB+, luego con leyes “anti propaganda gay” y finalmente con la penalización completa de la homosexualidad bajo pena de muerte. Se nos presenta así la paradoja de que en una nación que a pesar de no haber abolido la pena capital, no ha ejecutado a nadie en los últimos 20 años, quien rompa esta estadística sea un chico casualmente de 20 años que solo busca vivir de forma digna y feliz.
Subsecretario General de la International Human Rights Foundation.
Especializado en estudios sobre Respuesta Humanitaria en Conflictos en Harvard, estudios específicos sobre política fiscal verde, cambio climático, desarrollo internacional y Derechos Humanos en UNITAR y otros Organismos Internacionales, con especial énfasis en las políticas fiscales ambientales y el el impacto de las actividades económicas en el clima, el desarrollo sostenible y las afecciones del clima sobre los Derechos Humanos.
Ha compaginado sus labores de activista, voluntario y divulgador en medios y organizaciones con la construcción de un amplio y reconocido bagaje profesional en actividades profesiones relacionadas con las nuevas tecnologías, ciberseguridad, responsabilidad social corporativa, así como labores de asesoramiento profesional y económico.
