El 26 de diciembre de 2028, la FELGTB (actual FELGTBI+) presentaba oficialmente el año temático 2019: “Mayores Sin Armarios: ¡Historia, Lucha y Memoria!”, del que fui Coordinador.
En ese momento yo declaraba que “es importante que conozcamos el pasado para entender cómo la LGTBIfobia se ha instalado en nuestra sociedad” por eso, 2019, además de homenajear a las personas LGTBI mayores perseguidas, también iba a servir «para sensibilizar, informar y denunciar la situación y las necesidades actuales de las personas mayores LGTBI, que siguen siendo discriminadas».
2019 fue un año tremendamente complicado, pero la comisión que coordinaba las políticas en torno al año temático hizo un trabajo maravilloso. Recuerdo con mucho cariño a Juan Andrés, a Míriam, a Noelia y a Jeni cuando abordábamos cómo poner en valor las historias de vida de esas personas LGTBI plagadas de experiencias de violencia, discriminación, opresión, marginación y estigma que crecieron en un entorno en el que se las consideraba enfermas y un peligro social.
La vulnerabilidad, el aislamiento social, la ausencia de pareja, hijas, hijos e hijes o la ruptura de las relaciones con la familia contrastaban con la resiliencia, el activismo, la fuerza y el orgullo de estas personas que, después de décadas de activismo, han visto cómo las generaciones más jóvenes gozamos hoy de una mayor protección jurídica ante situaciones de discriminación.
Si el próximo diciembre hace cinco años que lanzamos el año temático de mayores, el próximo diciembre también hará cuatro años que presenté, junto a la por entonces Gerente de la Federación Estatal LGTB y al Director del IMSERSO el “Informe 2019, Mayores LGTBI, Historia, Lucha y Memoria”, el primer estudio sobre la realidad de las personas LGTBI mayores en España.
El informe era el broche de cierre al año temático de mayores y los resultados eran duros porque vimos cómo las personas mayores LGTBI afrontan su vejez; en primer lugar, haciendo frente a mayores tasas de soledad y aislamiento que la población general y con menores apoyos de sus redes familiares. Y, es que, constatamos que las personas mayores LGTBI sienten o habían sentido la discriminación y el rechazo por parte de sus familias, los propios servicios públicos, o la sociedad en general. Una múltiple discriminación que ha condicionado sus vidas y su bienestar en diferentes aspectos de su vida: su salud, la provisión de cuidados o su dependencia económica.
Si hoy quiero reflexionar sobre algo es sobre lo mal que se hicieron las cosas después de aquel año temático tan maravilloso. Porque en 2019 consideramos la necesidad fundamental de incluir la diversidad en las políticas públicas relacionadas con la vejez en cinco aspectos fundamentales, pero nunca se llegó a manifestar este posicionamiento después de aquel año, lo que a todas luces es un blanqueamiento de la invisibilidad a las personas mayores LGTBI.
Casi cuatro años después, de aquél “¡Mayores sin armarios! Historia, Lucha y Memoria” yo sigo reivindicando y trabajando porque exista una mayor y mejor formación y sensibilización de los equipos profesionales sociosanitarios en materia de diversidad sexual, de género y familiar. Por la creación, o bien, de espacios propios para personas LGTBI, o bien, reflejar la diversidad LGTBI en la oferta de recursos de atención para las personas mayores, donde sientan que la prestación del recurso y/o servicio se realiza bajo el concepto de “espacio seguro”.
Y, es que, es fundamental la revisión de protocolos, documentos, reglamentos y procedimientos en los que se regule la atención de las personas mayores, para incluir en dichos documentos la atención a la diversidad LGTBI.
Cualquier otro día reflexionaré sobre la memoria del colectivo, porque es imposible pensar en mayores LGTBI y no tener presente la memoria y la historia.
Director del OPPA LGTBI
