FECHA DE PUBLICACIÓN ORIGINAL: 22/11/2022
Las organizaciones en defensa de la igualdad, la dignidad y la inclusión de las personas LGTBI y sus familiares son entidades, generalmente, sin ánimo de lucro y no gubernamentales, cuyos beneficios revierten en la propia actividad. Son, por lo tanto, otro de los sectores económicos a tener en cuenta tanto en la macroeconomía como en la estabilidad democrática del país.
Dada su importancia económica, política y social existe una necesidad urgente de profesionalizar este sector, y, en general el tercer sector, porque el movimiento LGTBI ni puede, ni debe seguir nutriéndose de un activismo de voluntariado. Y con esto, afirmo con convencimiento que el voluntariado activista es fundamental para mantener la esencia del sector y es el motor político de las organizaciones, pero no puede suplir en ningún caso el papel especialista y técnico que estas organizaciones desarrollan.
Muchas de las personas que nos dedicamos a la dirección y gestión de las asociaciones y fundaciones LGTBI venimos del movimiento activista y voluntario pero si hemos llegado hasta ahí es porque hemos demostrado tener los conocimientos necesarios para ejercer nuestras funciones, esto debe quedar muy claro, porque sino sí aparecen «los chiringuitos», como les gusta difamar a algunos y como ya publiqué como «pluma activista invitada» en este artículo de la revista «Gen Multicolor» impulsada por la Asociación DeFrente, de Sevilla.
Como comentaba, la persona que se dedica a la dirección y la gestión, debe tener conocimientos en materia de recursos humanos, como la persona que se ocupa plenamente de la comunicación de la entidad debe ser conocedora de las herramientas existentes para ello y de conocer las peculiaridades del movimiento LGTBI, o las personas que realizan intervención social son especialistas en psicología, derecho, trabajo social o enfermería, por poner algunos ejemplos.
Desde mi punto de vista, el voluntariado activista de las entidades LGTBI debe trabajar estrechamente con el personal técnico de la organización, y, a través de un feedback constante, deben empaparse de la actividad interna de la organización para poder trasmitir la acción social de la entidad.
La innovación, la sostenibilidad y el impacto de la actividad de las organizaciones sólo va a poder maximizarse a través de la contratación de profesionales y/o servicios especializados, por esto, no debe dar miedo alguno empezar a implementar estas medidas por parte del voluntariado activista, generalmente, responsable de las juntas directivas y patronatos de asociaciones y fundaciones, respectivamente.
Poner en marcha proyectos sociales requiere profesionalizar el trabajo porque el voluntariado activista, que llega a las organizaciones por necesidad o por convicción, no conoce el sector.
- Implementar políticas comunicativas de alto impacto requiere profesionalizar el sector.
- Intervenir con personas con necesidades particulares requiere profesionalizar el sector.
Para profesionalizar las organizaciones LGTBI se deberían tener en cuenta algunos procesos relacionados con su gestión interna y externa y dibujar el entramado de trabajo colaborativo. En este sentido, cada organización cuenta con su propia idiosincracia y cultura organizativa por lo que es ella la que debe explorar y permitir la posibilidad de generar sinergias, alinear esfuerzos y, en consecuencia, multiplicar resultados.
¿Y por dónde comenzar?
Muchas organizaciones LGTBI no profesionalizadas o que están comenzando este proceso no suelen tener claro por dónde deben comenzar. Y la respuesta es fácil: se comienza quizás por lo más sencillo y por lo más complejo a la vez.
Lo más sencillo es tomar la decisión de profesionalizarse y lo más complejo es el proceso mediante el cual se llega a tomar dicha decisión, así como el camino que se debe recorrer desde entonces.
Las organizaciones deben comenzar haciendo un autodiagnóstico realista de su propia entidad mediante el cual detecten y midan su grado de madurez como organizaciones. Tras realizar ese estudio previo, la elaboración de un plan estratégico general, que defina, entre otros asuntos, tanto la proyección hacia el exterior de la organización como su modelo de organización y comunicación interna, es a mi juicio el reto a trabajar en los primeros pasos del proceso de profesionalización.
Durante los últimos años existe una tendencia hacia la profesionalización de la gestión en las organizaciones LGTBI, envueltas en parte por el empuje en este sentido por el resto del tercer sector. Actualmente, asociaciones, fundaciones y ong se están convirtiendo en una de las piezas angulares sobre las que pivota el bienestar social, de manera general.
En el caso de las organizaciones LGTBI, las entidades se están posicionando como los ejes fundamentales que están permitiendo desarrollar las diferentes leyes trans y LGTBI de las diferentes Comunidades Autónomas. Y lo están pudiendo hacer porque su labor y su nivel de prestación de servicios en diversos campos de actividad se han incrementado sensiblemente en los últimos años desde el voluntariado y desde una profesionalización muy precaria sustentada en el fuerte convencimiento y activismo del personal contratado. Para otro día dejamos la cuestión de la dignificación de los puestos de trabajo.
Al no existir un conocimiento preciso por parte de las Administraciones Públicas sobre las necesidades y la realidad de las personas LGTBI las organizaciones están haciendo una apuesta decidida por la mejora de su gestión y de sus servicios pero que no está siendo suficiente y donde es necesaria la ayuda porque profesionalizar implica fortalecer la gestión directiva, facilitando a las organizaciones sociales medios y estrategias que afiancen su sostenibilidad y proyección futura.
Como muchas organizaciones LGTBI no cuentan con instrumentos de apoyo que promuevan ese modelo de crecimiento sostenible, yo ofrezco mis servicios por convencimiento. Si necesitas que te eche una mano, ¡cuenta conmigo para construir algo fantástico!
Profesionalicémonos para poder hacer que la igualdad, la inclusión y la libertad de las personas LGTBI y nuestras familias estén cada vez más cerca y aprendamos a implementar servicios de consultoría, programas formativos, estrategias de captación de fondos y de comunicación externa e interna y apoyo económico a proyectos.
