Si el año pasado, a través de mi web personal lorenzogonza.com, reflexionaba en tres entradas diferenciadas cuáles eran para mí los retos en las políticas LGTBI de cara a 2023 y las diferenciaba en las personas, los espacios y los ámbitos de actuación, en esta ocasión lanzo esta misma reflexión en una sola entrada pero en dos webs diferentes, porque creo que mi reflexión personal es publicable en la web del Observatorio Privado de Evaluación de las Políticas Públicas LGTBI de Aragón y también en la mía propia.
Lo dije hace poco más de un año y lo vuelvo a repetir en mi reflexión de esta semana. Creo fundamental que las organizaciones que trabajamos cuestiones LGTBI hagamos al final de cada año un análisis críticoy una valoración del año y planteemos, como mínimo, una respuesta estratégica, coordinada siempre con los planes estratégicos generales que existan, o las herramientas cada organización emplee.
Esto sólo será posible si la metodología que tenemos en cada organización es clara y está sistematizada porque sólo así podremos averiguar qué temas urgen y cuáles deben abordarse, además de explicitar la forma de plantearlos.
Retomando lo que decía más arriba, considero que deberíamos trabajar con estas herramientas estratégicas porque haciéndolo de esta manera, nos va a permitir establecer expresiones técnicas. Y a través de ellas podremos aportar solucionesa problemas de interés general y, en especial, de interés singular para las personas LGTBI.
Según entiendo yo las políticas LGTBI, vengan de donde vengan (de las administraciones públicas, del sector privado, del ámbito de la cooperación, etc), hacer planificaciones y evaluaciones con metodologías claras, nos va a permitir diseñar medios para cambiar esas situaciones desventajosas, discriminatorias y violentas.
Y, es que, cuando diseñamos esas estrategias exploramos las mejores opciones para llegar a los objetivos y metas que deseamos, planeando con ellas etapas y rutas tendientes a su logro.
Quienes han trabajado conmigo saben de mi pragmatismo en la forma de actuar, por ello, sin desmerecer un ápice cualquier causa, en cuestiones LGTBI, como en otras muchas, priorizo lo urgente y lo importante a cualquier otra motivación. Con importante me refiero a que algo reviste de interés, conveniencia o por el alcance de sus efectos. Con urgente me refiero a la necesidad, el apremio que implica o por las consecuencias que su falta puede causar.
A falta de que termine este 2023, y de la mano del OPPA LGTBI, ofrecemos nuestra colaboración en la asesoría y consultoría en políticas LGTBI porque los retos son muchos y muy complejos y se hace necesaria la colaboración y el trabajo con fórmulas disruptivas que eviten las desigualdades.
Personas institucionalizadas y vulnerabilizadas.
El apoyo a las personas LGTBI en situaciones de vulnerabilidad e institucionalizadas, como aquellas que forman parte de la red de residencias de mayores, personas menores de edad tuteladas, personas en situación de sinhogarismo o migrantes en situación de protección internacional, entre otras, es crucial para garantizar su bienestar y protección. El objetivo fundamental las fórmulas que propongo se basan en crear entornos inclusivos y respetuosos que reconozcan la diversidad sexo-genéricas, garantizando así su bienestar y protección.
En mi opinión, los enfoques multidisciplinares para abordar esta realidad pasan por:
- la formación especializada, es decir, por la capacitación del personal que trabajan en estas instituciones.
- las políticas de inclusión que implementen protocolos específicos de atención que reconozcan y respeten la diversidad LGTBI, promoviendo la inclusión en todas las áreas, desde la salud mental hasta la recreación, pasando por la creación de espacios seguros dentro de estas instituciones donde las personas LGTBI se sientan libres siendo como son.
- las redes de apoyo y asesoramiento en las que se ofrezcan servicios de apoyo psicológico y social especializados para personas LGTBI en estas situaciones, reconociendo y abordando las dificultades específicas que puedan enfrentar y que, además, proporcionen asesoramiento legal para casos de discriminación, acoso o cualquier forma de violencia que puedan experimentar.
- las acciones de sensibilización, información y educación que fomenten el conocimiento, la empatía, el respeto y la comprensión de la comunidad LGTBI
- la participación y la representación, facilitando la creación de grupos de apoyo y representación dentro de estas instituciones.
De toda esta población, la que se encuentra en situación de sinhogarismo es la que me produce un mayor dolor, pues, en general, las personas en situación de sinhogarismo son personas invisibles para la mayoría de la población. Parece que no las vemos y forman parte del paisaje de manera natural cuando, por razones obvias, no lo son.
Y, es que, según el INE, entre la población general la incidencia del sinhogarismo es de 86 personas cada 100.000 habitantes (un 0,086% de la población general). En esta misma línea, la encuesta «Estado LGTBI+ 2023»harevelado que ese porcentaje aumenta entre las personas LGTBI+: hasta el 2,25% de ellas han tenido que dormir en la calle en algún momento de su vida.
Aunque no sea completamente comparable, da una idea de la enorme incidencia del sinhogarismo entre esta población. El sinhogarismo aparece atravesado por factores como la educación, la renta y también la identidad LGTBI, un problema que es especialmente significativo entre las personas trans porque alrededor del 50% de ellas ha tenido algún problema de sinhogarismo a lo largo de su vida, un 33,3% tuvo que irse a vivir con amistades o parientes, a un 16,7% no le quedó más remedio que vivir en un lugar no adecuado y un 4,2% tuvo que dormir en la calle.
El gran reto de la formación y la capacitación en el ámbito laboral
Que el empleo es un factor esencial para la inclusión socialde todas las personas y también lo es para las personas LGTBI es incuestionable. En este sentido, muchas empresas no han desarrollado medidas eficaces para hacer más diversos sus centros de trabajo pese a la obligación de que, aquellas de más de 50 personas en plantilla, cuenten con un Plan de diversidad LGTBI a partir del 2 de marzo y se incluya dentro del mismo un protocolo anti- discriminación.
Según el último estudio realizado desde el área confederal LGTB de UGT, las personas trans tienen una tasa de desempleo del doble con respecto a las personas cis. Casi un 20% de las personas trans encuestadas en su investigación aseveran haber sufrido algún tipo de violencia sexual y un 61% no fueron defendidas por sus compañeras y compañeros de trabajo. En este mismo sentido, cobra relevancia una investigación de la FRA (European Union Agency for Fundamental Rights) que concluía que el 77% de las mujeres trans había sufrido discriminación a la hora de buscar trabajo. Y cuando consiguen empleo, se enfrentan al silencio y a la vuelta al armario, un 58% de estas mujeres se oculta y no habla de su condición en su ambiente de trabajo.
A todas luces, se hace necesario eliminar la preocupante tasa de discriminación que hay en las empresas y convertirla en una herramienta útil para luchar contra la exclusión que sufren las personas trans, especialmente. Aunque no sólo ellas. Yo soy un ferviente convencido de que las empresas no deben de estar solas a la hora de combatir la LGTBIfobia en sus espacios porque es un tipo de discriminación que genera importantes riesgos psicosociales en quienes la sufren, por lo que la prevención del acoso laboral por este motivo debe formar parte también de las políticas de prevención de riesgos laborales de cada organización pero se debe contar con especialistas en políticas LGTBI para poder transformar la cultura existente.
No podemos pasar por alto la preocupación por ocultar la orientación sexual y/o la identidad de género de las personas LGTBI en el trabajoya que es una de las dificultades a las que miles de personas trabajadoras LGTBI se enfrentan a diario.
Las empresas deben afrontar ya no sólo el reto sino la necesidad de generar espacios seguros donde sus empleadas y empleados puedan desarrollar al máximo sus competencias. La productividad y la retención y gestión del talentoestán relacionados con la gestión de la diversidad e inclusión de la igualdad por parte de las organizaciones.
Las violencias y la educación en diversidad
En España, la discriminación de la que tradicionalmente viene siendo objeto las personas LGTBI, expresa su mayor grado de violencia en la vulneración sistemática de sus derechos en el ámbito escolar.
Según el estudio antes mencionado de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) apunta que más de 8 de cada 10 participantes en una encuesta especializada han sido testigos de algún tipo de comentario o conducta negativahacia algún compañero o compañera LGBTI durante su escolarización.
A mi juicio, hablar de los centros educativos como espacios donde trabajar la igualdad, equidad e inclusión de las personas LGTBI no debe circunscribirse únicamente al curriculum académico, que también, sino que debemos incidir en la importancia del espacio en sí mismo ya que son condicionantes muy importantes en las relaciones humanas.
Y, es que, la distribución del espacio en los centros educativos forma parte del currículum oculto de los mismos y las referencias al género en la distribución del mismo así lo demuestran. La dimensión del centro educativo como laberinto espacial se traduce en limitaciones para las mujeresy para aquellas personas que no se ajustan a las normas de género, también para muchas personas con discapacidad.
La distinta visión del espaciotiene origen evolutivo y la división de las funciones de los géneros es consecuencia de la división en el sistema productivo. Soy un firme convencido de que es posible ver el espacio con ojos distintos a los del propio género porque aquí de lo que se trata es de educar en igualdad y diversidad y de que todas las personas compartamos la misma visión de los espacios para abarcar un ámbito más abierto, dinámico, justo e igualitario.
Ahora bien, si creemos que la educación es la herramienta esencialpara construir una sociedad solidaria en igualdad y alejada de prejuicios debemos planificar y desarrollar correctamente la educación: enseñar y aprender de otra manera, cambiar la mentalidad del alumnado, del profesorado y de la comunidad, modificar la forma en la que se trabajan los espacios y mejorar la actitud de las autoridades educativas.
La educación va mucho más allá del aprendizaje de materias académicas. Educar también implica formar a personas responsables y cívicas, que sean respetuosas, compasivas y solidarias con el mundo que les rodea. A este respecto, cobra especial importancia educar en valores.
Una de las finalidades de la educación es crear una sociedad más solidaria, justa e igualitaria, que vele por la seguridad, la salud y el cuidado de los seres vivos, incluido el medio ambiente. Educamos en valores para construir personas responsables, respetuosas, empáticas, críticas, justas y honestas. En este sentido, desde la educación deberíamos potenciar el crecimiento y la evolución de todas las personas en un plano ético y moral, más allá de otros tipos de aprendizajes curriculares.
Sería aconsejable también, desde mi punto de vista, ofrecer más herramientas sobre la gestión emocional para, entre otras cuestiones, evitar los problemas afectivos porque no podemos olvidarnos que a través de la educación también promovemos la autonomía y la independencia de cada persona y la gestión emocional aquí cobra una especial importancia.
Está claro que no podemos dejar la educación en manos únicamente de los centros educativos. Es una tarea compleja en la que el trabajo conjunto debe corresponder a las personas profesionales de la educación, sí, pero también a las familias y a la sociedad en su conjunto. El actual es un mundo complejo y cambiante, en el que la incertidumbre es la tónica y, en este contexto, educar en valoresse convierte en una herramienta imprescindible para construir un futuro más justo e igualitario.
En este punto, cobra especial importancia la educación en diversidad porque fomenta el entendimiento y la solidaridad, deja de lado las diferentes formas de discriminación y permite identificar y responder a las necesidades de todas las personas a través de una mayor y mejor participación en el aprendizaje.
Promover la atención a la diversidad es un objetivo que se debería tener en cuenta en toda la sociedad, como ya dije anteriormente, pero en realidad es bastante complicado lograr este objetivo día a día sin el esfuerzo de toda la sociedad en su conjunto.
Sin querer abandonar la utopía, debemos partir de la base de que la gestión de la diversidad tiene muchos desafíos y genera muchas preocupaciones y por lo tanto deberíamos poder trabajarla de muchas formas y desde muchos espacios para poder abordarla correctamente pero es cierto que si la atención a la diversidad comienza en los centros educativos, el alumnado más pequeño se acostumbra a que la atención a la diversidad sea una forma adecuada de poder relacionarse con todas las personas sin importar su condición.
En este sentido, una educación con perspectiva LGTBI tiene un papel claveen la mejora del respeto y la igualdad hacia las personas LGTBI, sus familiares y su entorno, lo que se traduce en una mejora de la salud pública y de la propia democracia.
Si en un plano internacionalista respetar y garantizar los derechos de las personas LGBTI a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica es crucial para poner fin a la discriminación a la que nos enfrentamos, así como para dar respuesta a las gravísimas violaciones de derechos humanos de las que somos víctimas, en democracias consolidadas como la nuestra, la educación en diversidad se convierte en una indispensable herramienta de prevención de la LGTBI que consolida las libertades públicas.
Trabajando en igualdad reduciremos drásticamente las tasas de violencia. Y, eso que definir el concepto de «violencia» es complicado porque hablamos de un acontecimiento pero también de un conjunto de circunstancias. Creo, incluso, que se puede divergir al sufrir los efectos de la violencia ya que podemos sobrellevarla, tolerarla e incluso vivir con ella. Es necesario señalar, en mi opinión, que la violencia se siente, porque es un fenómeno o una vivencia que se percibe y se experimenta de manera subjetiva y que, junto a lo visible y manifiesto de la violencia, operan una dimensión sociocultural y otra estructura lque no son tan obvias, pero deben ser consideradas.
Si bien es cierto que la violencia forma parte de la naturaleza, en este contexto sociológico del que hablamos la asociamos al uso de la fuerza, del poder, la libertad, la voluntad, la identidad, las necesidades, la justicia, la belleza, el placer, el mal, la muerte, el dolor… Es más, el autor Mark Vorobej, destacaba que «el concepto de violencia guarda algún tipo de relación profunda e íntima con las nociones de daño, destrucción y sufrimiento humano».
Si aterrizamos un poco más en cuestiones LGTBI, llegaremos al punto central en el que solemos hablar de las violencias que sufrimos las personas LGTBI: la LGTBIfobia y los incidentes de odio.
Según las instituciones europeas, «un incidente de odio es aquel que es percibido por la víctima o por cualquier otra persona como racista, xenófobo o de otra forma de intolerancia, aunque no sea delito. Cualquier persona puede ser víctima de un incidente o de un delito de odio, con independencia de que pertenezca realmente al grupo al que va dirigida la hostilidad o prejuicio». El delito de odio, en cambio, «es toda infracción penal, incluidas aquellas contra las personas y la propiedad, donde la víctima, el lugar o el objeto de la infracción son seleccionados por su conexión, relación, afiliación, apoyo o pertenencia real o supuesta a un grupo basado en la raza, origen nacional o étnico, idioma, color religión, edad, minusvalía física o mental, orientación sexual u otros factores».
El Discurso de Odio (Hate Speech), abarca todas las formas de expresión que propagan, incitan, promueven o justifican el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo y otras formas de odio basadas en la intolerancia. A lo largo de este año, he hablado ya suficientemente de esta cuestión, aportando los dramáticos datos que acompañan todo este argumento jurídico- político por lo que no me centraré en datos en esta ocasión.
La implementación de las leyes estatal y autonómicas.
En 2023 ha visto la luz ya por fin la Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI y su implementación es vital para transformar la realidad de la comunidad, pues va a proporcionar protección legal y apoyo institucional para la plena igualdad y reconocimiento de derechos.
La aplicación efectiva de esta ley, así como de las leyes autonómicas previas, marca un compromiso sólido hacia la igualdad y la inclusión en la sociedad. Y, es que, implementar leyes significa desarrollarlas y ponerlas en valor. Es, en definitiva:
- Desarrollar la protección legal y garantizar los derechos fundamentales de las personas LGTBI+, como el derecho a la no discriminación, la autodeterminación y despatologización, el acceso a la salud, la educación inclusiva o los espacios de trabajo inclusivos, entre otros aspectos.
- Reconocier institucionamente las realidades y necesidades de las personas LGTBI,validando sus historias y experiencias en la sociedad.
- Combatir la discriminación, porque establecen medidas de prevención y de intervención en todos los ámbitos.
- Crear y fomentar entornos seguros y respetuosos donde las personas LGTBI puedan desenvolverse libremente sin temor a violencia.
- Impulsar y promover la igualdad real a través de la reducción de las desigualdades estructurales.
- Coordinar y armonizar todo el entramado normativo autonómico y estatal en el marco de los derechos LGTBI.
En línea con este punto, contar con una ley estatal protege, en cierta medida, a todas las personas LGTBI de la Comunidad de Madrid frente a las modificaciones de las las leyes autonómicas trans (ley 2/ 2016) y contra la LGTBIfobia (ley3/2016) que el Gobierno autonómico liderado por la popular Díaz Ayuso va a llevar a cabo el día 20 de diciembre, coincidiendo con el sorteo de la lotería de Navidad.
La modificación de ambas leyes, aprobadas en el 2016 durante el gobierno de la también popular Cristina Cifuentes, obliga a exámenes médicos y psicológicos antes de que los menores inicien un proceso de cambio de sexo, elimina la inversión de la carga de la prueba o el castigo de la discriminación por error y borra el derecho al reconocimiento de la identidad de género libremente manifestada, al libre desarrollo de la personalidad y a ser tratado de conformidad a la identidad de género. Además, aparta a las organizaciones LGTBI que por años han acompañado procesos educativos contra la discriminación y elimina figuras como el Consejo LGTBI –pensado para controlar el cumplimiento de las leyes– y desecha la creación del Centro de documentación y memoria histórica LGTBI.
Director del OPPA LGTBI
