Hoy me ha dado por escribir sobre una reflexión que llevo haciéndome desde hace algún tiempo: la relación existente entre la postmodernidad y la renuncia a las relaciones afectivo-sexuales duraderas por parte de una generación de hombres cisexuales, gais y bisexuales, y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, en adelante, GBHSH.
No sé si coincidirás conmigo en que vivimos en un contexto en el que factores culturales, tecnológicos y sociales se han entrelazado para moldear las percepciones y prácticas afectivo-sexuales de una generación específica que, en mi opinión, están haciendo mella especialmente entre muchos GBHSH.
Me da la sensación, cuando pienso en las relaciones afectivo- sexuales que estamos construyendo en la actualidad, que a medida que avanzamos en esta era postmoderna, estamos dejando a un lado cuestiones como el valor de lo afectivo, que si bien lo interconectamos con terceras personas cuando hablamos de <<cuidados>>, o lo interconectamos con la persona misma cuando hablamos de <<salud mental>>, no lo terminamos de encajar a la hora de establecer conexiones emocionalmente significativas desde un plano afectivo- sexual, erótico y romántico.
Creo que coincidimos cuando hablamos de que esta etapa postmoderna en la que vivimos ha dado lugar a transformaciones sociales, culturales y afectivas muy diversas y también muy enriquecedoras. Y como sucede con cualquier cambio, no todas las personas percibimos los cambios de igual manera. Entre estas transformaciones, yo reflexiono hoy sobre la renuncia a las relaciones afectivo-sexuales duraderas como una tendencia en ascenso ya no sólo en una determinada generación sino en un grupo social concreto como el colectivo de GBHSH.
A continuación, te expongo algunas reflexiones que tengo relativamente maduras y otras sobre a las que sigo dándole vueltas:
Primera
- Que la postmodernidad ha fomentado el individualismo y enfatizando la autonomía y la libertad personal no es algo novedoso, sino que es el campo en el cual nos estamos moviendo muchas personas nacidas a partir de los años 80 del siglo pasado, lo que se traduce en una mayor priorización del bienestar individual sobre las expectativas sociales / tradicionales / patriarcales. Y en este punto me refiero especialmente a las generaciones de Millennials y Z; dos grupos poblacionales que hemos sido altamente influenciadas por las corrientes postmodernas en términos socio- culturales.
- En el caso de los GBHSH percibo una mayor inclinación a la búsqueda de la satisfacción individual en nuestras relaciones, a menudo priorizando la autorrealización inmediata sobre compromisos duraderos. Entre otras causas, yo lo asocio también a que llega un momento en tu vida, cuando puedes ser tú misma, tú misme o tú mismo, en el que prima todo aquello que «no has podido vivir» frente a aquello que «debes» vivir en ese momento concreto de tu vida, tengas la edad que tengas. En este sentido, ese <<presentismo>> del carpe diem ha permeabilizado mucho la forma en la que tenemos de relacionarnos.
- El pluralismo cultural inherente a la postmodernidad también ha influido en la percepción que tenemos de las relaciones afectivo-sexuales y eróticas. Creo que, en parte, debido a las múltiples perspectivas y formas de vida presentes en la sociedad contemporánea, ya que, en mi opinión, hemos diversificado las concepciones sobre lo que constituye una relación afectivo-sexual, llevando a los GBHSH a cuestionar y redefinir las normas establecidas hasta el momento y que, como decía, eran las tradicionales y patriarcales.
Segunda
- La postmodernidad ha fomentado la desconfianza hacia las narrativas tradicionales, incluyendo las románticas, donde se cuestionan ¡y menos mal! los relatos convencionales del <<amor duradero>>, la <<fidelidad>> eterna, el <<todo-poder del amor>> y demás constructos basados en la opresión de género. En paralelo, hemos construido una mayor tendencia hacia relaciones efímeras, donde la estabilidad a largo plazo cede terreno a la búsqueda de experiencias momentáneas y de gratificación inmediata, según nos encontremos en ese momento, queramos en ese instante o necesitemos ese rato.
Tercera
- La era en la que nos movemos ha introducido avances tecnológicos que han transformado la naturaleza de las relaciones. Las redes sociales y las aplicaciones de contactos por geolocalización (Wapo, Grindr, MachoBB, Scruff, etc.) han ampliado las posibilidades de conexión a la par que han contribuido a cambios importantes en las interacciones entre GBHSH: ya no nos conocemos, interactuamos y mantenemos relaciones de la misma manera que hace unos años, y, en nuestro caso privilegiamos en muchas ocasiones la cantidad sobre la calidad de las conexiones.
Cuarta
- Me da la sensación también de que la falta de estructuras definidas y la multiplicidad de opciones en la actualidad generan ansiedad en las relaciones de muchas personas porque enfrentarse a una incertidumbre constante, ya sea debido a la variedad de opciones de pareja o a la ausencia de modelos sólidos sobre cómo deben ser las relaciones, no las sabe gestionar todo el mundo. No estoy seguro, pero creo que esa incertidumbre se traduce no sólo en que muchos GBHSH tengan dificultades para comprometerse emocionalmente sino en dificultades para comprometerse, en general, ya que la idea misma de <<compromiso>> puede resultar amenazante en un contexto de constante cambio y fluidez.
Quinta
- Tampoco tengo muy claro este punto y le sigo dando vueltas a cómo las implicaciones de esta percepción de las relaciones afectivo-sexuales postmoderna pueden impactarnos en la salud emocional y social a los GBHSH. En parte, tengo la certidumbre de que la tendencia hacia relaciones más fugaces y menos comprometidas contribuye a un aumento en la soledad, la ansiedad y la insatisfacción emocional porque la búsqueda de la felicidad individual puede, paradójicamente, generarnos un vacío emocional y una falta de conexiones que para muchos GBHSH son importantes.
Con todo esto, considero que la evolución de la concepción del amor entre los GBHSH refleja no sólo los cambios socioculturales sino también la influencia de la postmodernidad en la redefinición de las relaciones basadas en la autenticidad, la diversidad y la autonomía individual.
Por otro lado, y siempre desde el punto de vista de mis reflexiones dudosas, estos cambios han contribuido a una mayor apertura y aceptación de diversas formas de vivir la sexualidad y las relaciones dentro de la propia comunidad. Siempre me ha dado la sensación de que la aprobación del matrimonio igualitario y el mayor acercamiento en derechos, igualdad de oportunidades y de trato con las personas cis-heterosexuales ha modificado sustancialmente las formas de relación que teníamos hasta hace no mucho el colectivo LGTBI en general, y particularmente los GBHSH. Dicho de otra manera, todos los obstáculos patriarcales que el colectivo LGTBI había alejado de sí mismo y que se vivían por parte de la sociedad patriarcal cis-heterosexual los estamos incorporando a una velocidad de vértigo.
Y es en este punto cuando yo necesito parar y mirar hacia atrás.
Yo no puedo olvidar que muchos GBHSH viven actualmente- y se siguen desarrollando personalmente- siendo ahora <<mayores>> y habiendo vivido su infancia y su juventud en una época donde las identidades no heteronormativas dificultaban la expresión de su sexualidad y donde las relaciones se veían restringidas y, en muchos casos, debían permanecer en el anonimato o en círculos sociales exclusivos y cerrados por temor.
Por temor, sí. El mismo pánico a la persecución, a la discriminación y a la muerte que muchas personas de fuera de nuestras fronteras siguen sufriendo cada segundo de sus vidas; también algunas dentro de la propia Unión Europea y que muchas personas LGTBI siguen sufriendo interiormente hasta que salen del armario.
Por no irme demasiado por cauces que nada tienen que ver con mi reflexión sobre la exploración del postmodernismo en el abandono afectivo entre hombres GBHSH la reevaluación de las relaciones dentro de la propia comunidad LGTBI es algo enriquecedor porque permite poder enfatizar la importancia de ser personas auténticas con nosotras/os/es mismas/os/es y buscar relaciones basadas en la libertad de expresión de la identidad propia.
Y, es que, todo esto nos permite cuestionar y desafiar las normas tradicionales de género y las propias relaciones en y entre la comunidad, fomentando la exploración de diversas formas de sexualidad, de mantener relaciones con una mayor fluidez y de diversificar las expresiones eróticas. En este sentido, se ha generado ya un campo relacional absolutamente novedoso que es digno de reflexión por toda aquella materia gris que podemos encontrar en espacios como Berkana y no únicamente en formaciones internas de colectivos LGTBI o espacios academicistas.
Ahora bien, reflexiono mucho sobre la controversia que veo entre esa mayor diversidad de modelos relacionales dentro de la comunidad GBHSH que nos aleja de estructuras rígidas y abre espacios para relaciones no convencionales (como las relaciones poliamorosas o las abiertas, entre otras) que buscan satisfacer las necesidades individuales de manera más personalizada pero que, a la par, dejan de lado a muchas personas que no han sabido, querido o necesitado deconstruirse a esos niveles emocionales y que ahora no saben cómo actuar o, peor aún, qué sentir y cómo manifestar sus emociones.
Llego pues a este punto creyendo que la valoración de la autonomía individual es más que positiva siempre y cuando lleve aparejados un énfasis en la comunicación abierta y también un consentimiento expreso en las relaciones entre GBHSH, lo que se traduce en una mayor transparencia en la negociación de las expectativas y límites en las relaciones y un mayor reconocimiento de la importancia del consentimiento en todos los aspectos de la interacción afectiva y sexual.
Dicho todo esto, y a modo de conclusiones de esta reflexión semanal bastante exagerada, creo que:
- La reinvención de las relaciones afectivo-sexuales por la influencia, entre otras, de una interacción compleja de factores que abarcan lo socio-cultural, lo tecnológico y lo económico van mucho más allá de lo que he explorado hasta ahora porque esta interacción no sólo afecta a la vivencia de la erótica.
Esto me lleva a preguntarme si los GBHSH rehuimos los compromisos emocionales a largo plazo porque las estructuras convencionales de relación (en general, no sólo las afectivo-sexuales) se están resquebrajando y la percepción de un futuro incierto nos conducen a una mayor precaución a la hora de comprometernos emocionalmente.
- El énfasis social que estamos haciendo en el individualismo y la autonomía nos genera una mentalidad de autosuficiencia tal – aunque no nos dificulte la apertura emocional – que sí nos condiciona nuestra disposición a comprometernos a relaciones íntimas y duraderas.
Y esto me conduce a preguntarme si la cultura de la inmediatez nos proporciona relaciones más superficiales y esporádicas o si es todo lo contrario, es decir, si la inmediatez y la facilidad, combinada con una menor tolerancia a la incomodidad o las dificultades en las relaciones, nos lleva a relaciones más auténticas. Y, es que, ¿la cultura de la inmediatez nos ha generado una expectativa de gratificación instantánea que dificulta la construcción de relaciones a largo plazo que requieren tiempo, paciencia y compromiso emocional? Tal vez, pero no podemos obviar que eso no invalida lo que sentimos antes, durante y después de esos momentos efímeros.
- La presión social para alcanzar ciertos estándares en la vida afectiva, estándares, a mi juicio, patriarcales y cis-heteronormativos, nos genera ansiedad y, de alguna manera, nos lleva a <<la renuncia al amor>> como una forma de evitar el estrés asociado con el cumplimiento de estas expectativas. En esta línea, asocio aquí toda la paradoja de la soledad con la que convivimos, que no es otra cosa que una constante conexión superficial que impide nuestro desarrollo en relaciones profundas en pro de otras inmediatas y de gratificación instantánea, rechazando en paralelo una tolerancia hacia los tiempos tradicionales de desarrollo en una relación afectiva, pues si las cosas no avanzan a la velocidad o al ritmo esperado, la renuncia rápida es la respuesta más común.
Por último, en relación a esto, me cuestiono si, aunque valoremos las conexiones emocionales, podemos enfrentarnos a dificultades para establecer compromisos emocionales profundos con una única persona o con varias en una relación a largo plazo. Y, es que, formo parte de una generación entera de GBHSH (la Millennial, en mi caso) en la que la forma en la que interactuamos y percibimos las relaciones desde la presión por una imagen concreta y perpetua, también por el «FOMO» (miedo a perderse algo, por sus siglas en inglés) y, por, entre otras cuestiones, la constante comparación con el resto de personas con las que queremos compararnos nos afecta de manera muy concreta.
Seguiré reflexionando… Y tú, ¿qué opinas?
Director del OPPA LGTBI
