El pasado sábado 4 de mayo leía en el Diario del Alto Aragón una noticia bajo el titular Detectan un incremento de contagios de ETS que me dejó un poco en shock.
En primer lugar, el shock me lo provocó el titular porque no habla de “transmisión de ITS” sino de “contagios de ETS”. Debemos tener presente que una “ETS” es una enfermedad de transmisión sexual, es decir, son infecciones (“ITS”) que se propagan de una persona a otra por medio de la actividad sexual, incluso por relaciones sexuales por vía anal, vaginal u oral. O dicho de otra manera, cuando nos referimos a una infección producida por una relación sexual se utiliza el concepto “ITS” mientras que cuando la infección pasa a ser enfermedad se habla de “ETS”.
“Comunicar” es, según las primeras acepciones de la Real Academia Española, “hacer a una persona partícipe de lo que se tiene” o “hacer saber a alguien algo”. De esta manera, comunicar es un comportamiento social. Como tal, la manera en la que hablamos y nos expresamos es un reflejo de la sociedad. Y si la lengua es una forma de comportamiento social, la estamos dotando de un comportamiento potencial, es decir, de comportamientos que quienes hablamos podemos llevar a cabo. Como ya lo explicó la filóloga María Martínez Lirola, doctora de la Universidad de Alicante, en su estudio “La Lengua como forma de comportamiento social”, hablar con propiedad y sensibilidad puede ser una manera de mejorar comportamientos potenciales.
Por ello, cuando hablamos de sexualidad y de ITS (especialmente cuando hablamos del VIH y de las personas seropositivas) solemos cometer errores en los términos que usamos que pueden generar estigma y discriminación. Muchas veces por desconocimiento, y esto creo que es lo que ha pasado en el artículo bienintencionado del Diario del Alto Aragón.
Pero volviendo al artículo, me produjo un shock tremendo también el concepto utilizado de contagio.
Contagiarno es transmitir y las ITS no se transmiten de forma directa por contacto, precisa de vías específicas para penetrar en el organismo, por lo que se trata de infecciones transmisibles y no contagiosas. «Contagiar» tiene una importante carga semántica negativa.
Además de todo esto, la noticia estaba acompañada de una fotografía, que no vamos a reproducir porque tiene un punto que desde el Observatorio consideramos estigmatizante, que visibiliza a cara descubierta de un grupo de mujeres de diversas religiones y culturas minoritarias, bajo el rótulo “La matrona Silvia Otal ofreció una charla sobre el uso de métodos anticonceptivos, este viernes” mezclando en dicho texto la prevención de ITS con la prevención de embarazos no planificados y todo ello bajo una imagen muy concreta.
¿Y desde cuándo nos dedicamos a hablar de artículos concretos de medios de comunicación? Desde nunca, no es nuestra intención. Si esta semana lo hacemos es porque la charla se llevó a cabo en la Biblioteca Ramón J. Sender de la ciudad de Huesca y estaba enmarcada en una formación del Centro de Salud de Perpetuo Socorro que estaba organizada por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Huesca. Formación y programa, por cierto, que no aparecen en la sección de servicios sociales de la web municipal del consistorio.
Según el artículo, el objetivo de la formación era la planificación familiar y pretendía dar a conocer los diferentes métodos anticonceptivos disponibles entre las personas asistentes. Métodos anticonceptivos y prevención de ITS no es lo mismo.
Desde el Observatorio tenemos claro que las Administraciones Públicas, en concreto, el Ayuntamiento de Huesca, deben contar, al menos, con un programa de educación sexual que sea realmente integral y transversal. Un programa que se adapte a todos los públicos para que sea cada persona, la que al final, en un ejercicio de libertad y responsabilidad, utilice los medios de prevención que considere más oportunos en base a una decisión informada. No se pueden seguir circunscribiendo los medios preventivos de ITS a los métodos barrera, únicamente, ni se puede abogar por un disfrute pleno de la sexualidad desde perspectivas cisheterosexistas.
Los programas de educación sexual no deberían ser programas centrados en la prevención de embarazos no planificados ni tampoco deben asentarse en la prevención del VIH y las ITS, sino que es crucial que los programas municipales eduquen a la ciudadanía para garantizar su salud sexual y bienestar. Pero no podemos ser inocentes tampoco cuando hablamos sobre estos temas.
En mi opinión personal, a pesar de todos los esfuerzos de sensibilización y educación realizados en los últimos años por muchas instituciones (entre la que no se encuentra el Ayuntamiento de Huesca), en nuestra sociedad siguen existiendo muchas dudas, tabúes e incluso falsas creencias respecto a la infección de ITS y, especialmente, por VIH. Además, el hecho de que en el estado español siga habiendo un número elevado de nuevas infecciones anuales por VIH pone de manifiesto que una gran parte de la población general no cuenta con información lo suficientemente buena sobre las diferentes vías de transmisión de infecciones, de los factores de riesgo que influyen en la transmisión y de los métodos preventivos existentes más allá del preservativo.
Ayer estuvimos hablando de este tema internamente entre la gente que forma parte del Observatorio y creemos que es muy necesario impulsar campañas de educación sexual porque, además de informar y formar, también ayudan a erradicar la discriminación y el estigma hacía las diversas orientaciones sexuales, así como de las personas con VIH.
A través de acciones comunicativas de impacto podemos educar a la sociedad oscense para que entienda, por ejemplo, cómo no se transmite el VIH o los efectos que tiene la terapia antirretroviral en las personas con VIH, cómo acabar con tabúes y mitos falsos sobre las ITS, cómo podemos explorarnos el cuerpo y descubrir – o no – pequeños y nuevos bultos en nuestro cuerpo o cómo podemos construirnos una erótica desde postulados alejados de la pornografía. Campañas que, si son ambiciosas y están enmarcadas dentro de estrategias plurianuales y multidisciplinares, cubren también la necesidad de informar de recursos más allá del ámbito sanitario.
No me quiero extender, pero volviendo al artículo y después de haberlo leído mil veces por muchos ojos muy distintos para justificar la pluma del Observatorio de esta semana, desde esta organización no creemos que se deba alarmar de un aumento de ITS sin indicar en concreto (1) cuánto aumentan esas ITS, (2) desde cuándo están aumentando, (3) cómo es ese aumento (4) o que se informe de un aumento sin aportar datos objetivos. Datos, por cierto, que se pueden consultar semanalmente en el Boletín epidemiológico de Aragón.
Aprovechamos estas líneas para recordar a quienes nos leen que si necesitan ayuda sobre cómo comunicar temas relacionados con VIH, ITS y cuestiones LGTBI pueden consultar la Guía de buenas prácticas para el tratamiento de la diversidad sexual y de género en los medios de comunicación (FSC CCOO – FELGTB) y el Diccionario de VIH (Pacto Social por la No Discriminación y la Igualdad de Trato asociada al VIH).
Director del Observatorio
