Este fin de semana reflexionaba en mi site personal que enfrentar los problemas estructurales desde una respuesta colectiva es necesario. Y añado, también urgente porque no podemos permitirnos reducir problemas estructurales a cuestiones individuales. Lo hscía bajo la reflexión de La semana en la que se ha puesto el foco en el silencio.
Esta semana, como Pluma del Observatorio, quiero seguir ahondando en esta cuestión porque se nos ha vendido durante demasiado tiempo que los problemas sociales y estructurales pueden enfrentarse desde un esfuerzo individual: que con esfuerzo propio se puede salir de la pobreza, que con «buena actitud» es posible resistir el machismo o que el racismo puede superarse con mérito. Sin embargo, todas estas cuestiones no son obstáculos aislados sino que son sistemas de opresión enraizados en las estructuras sociales, políticas y económicas de nuestra sociedad. Machismo, racismo, LGTBIfobia, pobreza, capacitismo… son desigualdades perpetuadas por normas y políticas que afectan a millones de personas, y ninguna puede resolverse únicamente desde acciones individuales.
Es, pues, necesario un enfoque colectivo y una responsabilidad compartida que interpela a todas las personas y sectores de la sociedad. Es, pues, necesario, poner en marcha políticas públicas eficientes.
La falsa narrativa del individualismo parte de una premisa engañosa: que cada persona es completamente responsable de su éxito o fracaso. Una afirmación capitalista- neoliberal que ignora los sistemas de poder y opresión que limitan el acceso a oportunidades y derechos y favorecen a ciertos grupos sobre otros, lo que perpetua la idea de que los problemas sociales se originan en las actitudes individuales, cuando, en realidad, muchos son resultado directo de políticas discriminatorias y barreras institucionalizadas.
Atinemos la mirada, porque al hilo de lo que estoy comentando, debemos tener más que presente que el machismo perjudica a las mujeres, obviamente, pero también a toda la sociedad, incluyendo a hombres y personas no binarias. Si hacemos caso al discurso neoliberal, la respuesta debe quedar en manos de las mujeres a través de sus testimonios y acciones individuales, como el cambio de actitudes o las denuncias personales. No, de ninguna manera. Es necesaria una respuesta colectiva que transforme las instituciones, el modelo educativo, el sistema de justicia y las formas en las que nos relacionamos. Exactamente igual que lo que sucede con la comunidad LGTBI, atravesada por el eje de género. Sin una implicación colectiva, lo que estamos haciendo a nivel educativo, laboral y legal son meros parches.
Y qué decir del racismo, tan profundamente arraigado que afecta todos los aspectos de la vida de las personas racializadas: desde el acceso a la salud y la educación, hasta las oportunidades laborales y la representación en espacios de poder. Es llamativo escuchar constantemente que en España no somos racistas y que las experiencias de racismo son meras anécdotas.
Y, por no extenderme más, no olvidemos jamás lo que subyace en todas estas discriminaciones y violencias estructurales: la pobreza. Y, es que, aún hay gente que piensa la desigualdad es fruto de la falta de esfuerzo individual, que la movilidad social es fruto de la utopía y no una promesa rota cuando no existen redes de seguridad y acceso a recursos básicos.
Director del Observatorio
