- Esas dos últimas siglas –la Q de Queer y la +, que se refiere a otras identidades– no estarán en el término con el que el PSOE se referirá a las personas LGTBIQ+, un gesto cargado de simbolismo e impulsado por la facción del feminismo tradicional que combatió con dureza la autodeterminación de género y el ministerio de Irene Montero. (Fuente: eldiario.es)
La no inclusión de la letra «Q» en el acrónimo LGBTI, LGTBI+, LGTBIA+ y otros en los que hay más letras o su orden es diferente, en el caso del Observatorio, se ha debido siempre a una perspectiva academicista del acrónimo. Dicho de otra manera entendíamos era coherente con el marco filosófico de la teoría queer y de las realidades queer.
Y, es que, en un sentido puramente teórico, lo queer, en tanto que rechazo a las categorías fijas de identidad y orientación sexual, no puede formar parte de ese acrónimo. Dicho esto, desde el movimiento LGTBI siempre se entendió que la Q no formara parte del acrónimo no significaba que no estuviera incluida.
En el Observatorio llevamos a cabo esa omisión de la «Q» en nuestro acrónimo de manera muy pensada porque respondía a la naturaleza conceptual de lo queer, que no sólo se posiciona fuera del sistema normativo, sino que también cuestiona la misma lógica que define y clasifica las identidades sexuales y de género. En definitiva, desde el Observatorio siempre hemos entendido que la inclusión de «Q» podría parecer contradictoria dentro del propio paradigma queer, ya que implicaría la reificación de un término destinado a resistir las categorías y etiquetas fijas.
Butler, Lauretis, Sedgwick, Preciado y muchas otras personas han sido claves en el desarrollo de este enfoque. Recordemos a Butler en Gender Trouble (1990) cuando nos enseñó que “el género no es una esencia o una verdad fija, sino una «performatividad«, un acto repetido que construye la ilusión de una identidad estable”.
Bajo esta visión, categorías como «gay«, «lesbiana«, «bisexual» o incluso «trans» son constructos sociales que, aunque pueden ser herramientas útiles en ciertos contextos, no son inherentemente naturales ni esenciales. «Lo queer es, como dijo de Laurentis en “Queer theory” (1991), una corriente que busca desestabilizar los sistemas normativos que etiquetan y limitan las experiencias sexuales y de género. En este sentido, lo queer no es solo una identidad, sino una postura crítica hacia todas las identidades que se entienden como esencialistas, incluso aquellas que se presentan como alternativas al binarismo hegemónico”.
El uso de acrónimos como LGBT, LGTBI, LGTBI+ tiene como objetivo visibilizar y englobar diferentes orientaciones sexuales e identidades y expresiones de género, realidades familiares y anatómicas bajo un paraguas inclusivo. Sin embargo, esta lógica de categorización entra en conflicto con la esencia de lo queer.
¿Qué ha pasado entonces con el posicionamiento del PSOE con respecto a las siglas LGTBI?
El PSOE no ha optado por no incluir la realidad queer en sus ponencias internas por considerar que es una institucionalización de algo que, por naturaleza, resiste ser institucionalizado. No, no ha sido eso. El PSOE se ha aferrado a las dicotomías rígidas y estáticas de la sexualidad de una corriente de pensamiento trans- excluyente que no entiende la esencia de la sexualidad humana.
Con esta decisión, el Partido Socialista Obrero Español ha tomado la decisión de alejar de su estrategia política el reconocimiento de la diversidad dentro del espectro LGBTI+, asimilando una lógica normativizadora de la sexualidad y desvirtuando la naturaleza disruptiva de lo queer.
Y, frente a este movimiento encabezado por las mal llamadas feministas clásicas del PSOE, lo que ha logado el partido encabezado por Pedro Sánchez es unir a la comunidad. Y, es que, ya lo dijo Halperin en “Saint Focault” (1995): “lo queer es más una actitud o una práctica que una identidad en sí misma” y cuando nos tocan a una, respondemos todas, todos y todes.
En este sentido, el movimiento LGTBI (pese a sus siglas LGTBI/ LGTBI+/ LGTBIA+….) ha entendido perfectamente la jugada de Calvo, Valcárcel, García, Valenciano, entre otras, y sus marionetas Ana Redondo y Víctor Gutiérrez. Sí, la comunidad queer, con unas siglas o con otras, luchamos a diario y nos oponemos a los «encasillamientos», incluso aquellos que buscan ser inclusivos. Y ante este ataque aparentemente sutil, el movimiento ha salido en tromba a defenderse y a hacer, como siembre ha hecho, pedagogía.
Y sí, estos días estamos diciendo que debemos, sí, ¡debemos! reposicionarnos políticamente porque nos han colocado en un lugar en el que no estamos y sí, defendemos el uso del acrónimo LGTBIQ+ porque entendemos que no podemos permanecer en el academicismo cuando combatimos contra el odio.
En el Observatorio tenemos muy claro que aunque las etiquetas son constructos, también son herramientas necesarias para la organización colectiva y la lucha por los derechos civiles y políticos. Pero también tenemos muy claro que el problema de fondo en el PSOE radica en la no reificación de estas categorías, lo que limita claramente la capacidad de ese partido de cuestionar y transformar las estructuras de poder subyacentes, situándose, cuando ha tenido la oportunidad, en el establishment patriarcal.
Por nuestra parte, seguiremos hablando de comunidad queer y de políticas LGTBI, por lo menos, hasta nuestro próximo Congreso, y recordamos que el objetivo último del activismo LGTBI y queer no es simplemente ampliar la lista de identidades, orientaciones, expresiones o realidades aceptadas sino desmantelar el sistema que exige dichas etiquetas para otorgar derechos y reconocimiento.
Director del Observatorio
