Hola, gente, esta semana me ha dado por reflexionar sobre la forma en la que concebimos la masculinidad, la feminidad y la androginia porque si algo me ha enseñado el activismo queer es que la expresión de género ni es universal ni es objetiva, está mediada por construcciones sociales, culturales e históricas que determinan qué se percibe como masculino, femenino o andrógino en diferentes contextos.
En mi opinión, la expresión de género es un fenómeno dinámico que se reconfigura constantemente en función el tiempo, el espacio y las normas culturales de cada sociedad. Así, lo que en una cultura o época se asocia con la masculinidad puede ser interpretado de manera distinta en otro contexto, lo que desmonta la idea de que estas categorías sean fijas o esenciales.
Esta semana reflexiono sobre como esas categorías dependen fundamentalmente del punto de vista de quien observa y etiqueta la expresión de género, lo que me lleva a pensar sobre la performatividad del género a puertas de un 8M que en, a mi juicio y en muchos sectores, sólo representa a algunas mujeres.
Sí, soy butleriana y también creo que se ha problematizado la idea de que el género es una categoría natural y esencial; es mi opinión, tambien es performativo y, por consiguiente, no existe una identidad de género previa a su expresión, sino que es el resultado de una serie de actos, gestos y comportamientos repetidos que crean la ilusión de una identidad a la que podríamos clasificar como coherente. En este sentido, lo que entendemos como masculino o femenino no es más que un conjunto de convenciones que han sido naturalizadas mediante la repetición y la normatividad social.
Soy un convencido de que si el género es una construcción performativa, la expresión de género también es relativa y cambiante, lo que implica que una misma expresión de género puede ser leída de distintas maneras dependiendo de quien observa y del contexto. Por supuesto, esta relatividad también se aplica a la androginia, que se define comúnmente como una mezcla de características masculinas y femeninas.
Esta semana invito a todo el mundo a investigar y reconocer la relatividad de la expresión de género porque haciéndolo permiteremos una mayor comprensión de la diversidad de identidades y realidades y podremos abrir la puerta a la posibilidad de una sociedad menos rígida y (cis-hetero-)normativizada para seguir deconstruyendo estas categorías y ampliando los márgenes de lo posible en la vivencia del género.
Desde el activismo LGTBI+ llevamos décadas hablando de identidades de género y de orientaciones sexuales, también de diversidad familiar, en los últimos, así como ahora también de las características sexuales, pero poco foco se ha puesto en la expresión de género. En mi opinión, uno de los retos discursivos del movimiento es volver a trabajar sobre esta idea.
¡Feliz semana a todas, todos y todes!
Director del Observatorio
