Que el reconocimiento de los derechos de las personas trans ha experimentado avances importantes en el estado español es innegable. Pese a eso, las barreras estructurales siguen siendo una realidad.
En el contexto del día de la visibilidad trans se hace necesario seguir insistiendo en la constante vulneración que tanto las personas cis, en general, como el sistema en su conjunto, ejercemos contra elles, ellos y ellas. Por cierto, enhorabuena a la Federación Plataforma Trans por el éxito de la manifestación que convocaron el pasado sábado; desde hace ya muchos años son el garante de la defensa de los derechos trans en el estado.
Y lo digo por muchas razones pero, especialmente, porque es fundamental que la representación y representatividad de las experiencias trans se construya desde las propias voces de quienes viven la realidad trans.
Si algo nos ha demostrado la historia de los movimientos queer es que la autodeterminación es un eje central en la conquista de derechos. Y sí, la visibilidad es un arma de doble filo; toda la comunidad lo tenemos muy claro.
Por un lado, la presencia de referentes en los medios, la política y la cultura permite generar modelos positivos que inspiran a nuevas generaciones y contribuyen a la normalización (palabra maldita) de la diversidad. Por otro lado, la visibilidad también nos expone a mayores niveles de violencia, discriminación y odio.
Durante gran parte del siglo XX, la invisibilización de la comunidad queer fue una estrategia de control social por parte de los gobiernos europeos. En concreto con las personas trans, su medicalización y asociación con patologías psiquiátricas reforzaron el estigma y limitaron su capacidad de autodeterminación. Recordemos que no fue hasta hace muy pocos años que la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la transexualidad de la lista de enfermedades mentales en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11).
El acceso a espacios públicos y la representación en la esfera mediática han permitido visibilizar historias trans más allá de los estereotipos tradicionales.En el estado español, actrices como Daniela Vega, escritoras como Alana Portero, políticas como Carla Antonelli o activistas como Mar Cambrollé han demostrado que la existencia trans es diversa y no se reduce a los relatos de sufrimiento en el inframundo.; una visibilidad, por cierto, que sigue siendo insuficiente y, en muchos casos, genera una reacción tranfóbica no sólo de sectores conservadores que buscan perpetuar la exclusión, también de sectores que se autoproclaman progresistas.
Como ya he reflexionado en muchas ocasiones desde este espacio, uno de los problemas fundamentales en el debate sobre los derechos trans es la tendencia a hablar sobre estas personas sin incluirlas en la conversación. Y no. No podemos hablar de derechos trans sin incluir a las personas trans.
Y no, desde luego que no, no podemos ni debemos interpretar o filtrar las experiencias trans y, por supuesto, no, no podemos ni debemos imponer narrativas ajenas a la realidad vivida por la comunidad trans sin la comunidad trans.
El concepto de epistemología del testimonio, desarrollado por Miranda Fricker (2007), es útil para comprender cómo se deslegitiman ciertos discursos en función de quién los emite. Las personas trans son consideradas no aptas para hablar sobre sus propias vidas.
Director del Observatorio
