Desde aquel 2019 Mayores Sin Armarios: ¡Historia, Lucha y Memoria! Armand de fluvià y muchas otras personas clave en la comunidad LGTBI nos han dejado por el camino; se aprobó la ley 4/2023 y algunas otras normas territoriales, desaparecieron las madrileñas y las políticas públicas LGTBI siguen siendo ineficientes.
Fue uno de los mayores privilegios que he tenido en mi vida activista, uno de mis mayores aprendizajes, uno de mis mayores retos y un recuerdo que nadie podrá robarme.
El 26 de diciembre de 2018 me presentaba al mundo como el coordinador del año temático 2019 de la actual Federación Estatal LGTBI+ “Mayores Sin Armarios: ¡Historia, Lucha y Memoria!” afirmando que era importante que conozcamos el pasado para entender cómo la LGTBIfobia se ha instalado en nuestra sociedad. Y el diecinueve se convirtió en el año en el que además de homenajear a las personas mayores LGTBI perseguidas nos sirvió para sensibilizar, informar y denunciar su situación y sus necesidades. Recuerdo con especial cariño la cabecera de ese Orgullo Estatal y la lectura de su manifiesto, que redactamos con un mimo especial.
Y, es que, ya que el año de mayores coincidió con los 50 años de las revueltas de Stonewall, la organización consideró, a mi juicio, con muy buen criterio, que era el momento idóneo para rendir a las personas mayores el homenaje que merecían, reconocer todo el trabajo realizado y mantener viva la memoria y la historia del movimiento LGTBI” en España. Así mismo, ese año terminó cuando, en noviembre presenté, junto a la gerente de la Federacion y el director del IMSERSO el primer estudio sobre la realidad de las personas LGTBI que se hacía en todo el estado español.
Esta semana, como Pluma del Observatorio, hago un llamamiento a que el espíritu que impregnó aquel año 19 no se olvide y se tenga presente que las personas LGTBI mayores existen y resisten.
Pero ya no sólo es eso, me preocupa especialmente la falta de memoria colectiva de nuestra comunidad. Y con esto me refiero a las víctimas del nazismo en los campos de concentración, a las mujeres trans racializadas que iniciaron nuestra lucha pública en un pub de Manhattan, a todas aquellas personas LGTBI que nunca pudieron ser mayores porque nos las arrebató el sida, a aquellas otras que tuvieron que renunciar a sus vidas, esconderse o migrar, a aquellas que no pudieron tener legalmente mujer o marido y formar una familia, a aquellas que no pudieron – y siguen sin poder – desarrollarse en plenitud…
En 2019 yo hablaba de la importancia de aprobar una ley estatal que “blindara derechos” porque en España las personas LGTBI teníamos diferentes derechos según el territorio en el que residiéramos puesto que en esas fechas ya existían leyes LGTBI y leyes trans, o incluso ambas, como sucedía en nuestro país. Pero aquel año también había territorios que no contaban con ninguna norma. La ley estatal creíamos que iba a garantizar los mismos derechos para todo el colectivo en todo el territorio español porque pensábamos que la ley iría acompañada de voluntad política por desarrollarla.
Y qué decepción. Como sucedió aquí en Aragón, con las leyes existentes, su desarrollo ha sido nefasto. Y ahora, en el estado español, ya existe la ley pero su desarrollo está siendo lento, lentísimo, y el Ministerio de Igualdad, que por aquel entonces al menos nos escuchaba, ahora está alejadísimo de la comunidad LGTBI.
Director del Observatorio
