Claro, claro, que las políticas públicas para la inclusión y protección de los derechos de las personas LGTBI y nuestras familias sólo benefician a un pequeño grupo de personas. Que lo del matrimonio igualitario, la lucha contra la discriminación laboral y el acceso a servicios de salud sin prejuicios son asuntos que «no van contigo». Claro que la lucha contra el estigma asociado al VIH, la familifobia o la transfobia sólo es útil para quienes se identifican con alguna de esas «letritas». ¿No?
Nada más lejos de la realidad. Spoiler alert: te influyen y son útiles para la sociedad en su conjunto. Las políticas públicas en favor de la comunidad LGTBI no son «temas ajenos» o «asuntos exclusivos» de un grupúsculo social, de una minoría ideologizada, como te gusta decir; todo el contrario. Las políticas públicas LGTBI mejoran la calidad de vida para todas las personas porque, entre otras cosas, fortalecen el tejido social y aportan al desarrollo de una sociedad realmente inclusiva que ve a toda sus ciudadanía como igual. Pero claro, ésta es la conversación que incomoda a algunos sectores conservadores y, por supuesto, a la llamada «derecha pro-LGTBI», que de pro-LGTBI tiene poco, y de agenda política, aún menos.
Tras más de un año y medio de las elecciones municipales y autonómicas que tiñeron el país mayoritaria de azul, toca seguir demontando esa vieja creencia de que las políticas LGTBI sólo son importantes para quienes pertenecemos a la comunidad. En mi opinión es un claro ejemplo de pensamiento simplista que ignora cómo las leyes de inclusión generan igualdad y justicia social.
Por ejemplo, el reconocimiento de derechos iguales para las parejas del mismo sexo/ género ha mejorado los derechos civiles y sociales para la ciudadanía en su conjunto, sin restarle derechos a nadie, y estableció un estándar de igualdad que beneficia a toda la ciudadanía desde la erradicación de la discriminación en ese contrato. Porque cuando el sistema discrimina a una persona, discrimina a todas.
Pero vamos, que entiendo que esto no es fácil de asimilar, especialmente si tu pensamiento ronda el «mientras no me afecte a mí, me da igual«.
Y al hilo de esto me viene a la cabeza esa «derecha pro-LGTBI«, esa derecha liberal que dice apoyar a la comunidad porque «todos somos iguales» mientras mantiene su idea de que «el mercado lo regula todo«, pero que no toca ni con un palo los temas que realmente afectan a las personas LGTBI.
¿Políticas laborales? No se menciona. ¿Educación inclusiva? No interesa. ¿Salud? ¡Que se la paguen! Al final, este «apoyo» queda en una pose superficial: mientras haya mercado y libertad económica, cada cual «que se defienda solo«. Y así es como la «derecha pro-LGTBI» termina aliada de un statu quo que no da ninguna seguridad a quienes enfrentamos discriminación, violencia y falta de oportunidades reales a diario.
¿Cómo la derecha aborda y hace suyo el discurso de «inclusión»? Pues como sabe hacerlo: de boquilla, sin políticas serias que provoquen cambios estructurales.
¿Apoya una parte de la derecha política los derechos LGTBI? Quizás en la teoría, porque en la práctica es difícil ver políticas públicas nacidas desde la derecha que realmente busquen una inclusión plena, efectiva y real, más allá de las palabras y las campañas.
La próxima vez que algún cuñao diga que las políticas LGTBI «no van conmigo», piensa en lo que realmente significa esa expresión porque lo que te está diciendo es que apoya el estatus quo en el cual no renuncia a sus privilegios. Te está diciendo que no cree en la libertad como un derecho, así de sencillo.
Director del Observatorio
