- Cada 20 de noviembre el activismo LGTBI+ conmemora el día de la memoria trans y cinco días después el mundo conmemora el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. En ambos casos, nada hay que celebrar pero sí mucho que conmemorar.
Cada noviembre, dos fechas importantes nos invitan al Observatorio a la reflexión, la indignación y el compromiso: el 20 de noviembre, día de la memoria trans, y el 25 de noviembre, día internacional de la eliminación de la violencia contra la Mujer. Ambas conmemoraciones, tan necesarias como desgarradoras, nos recuerdan que no hay nada que celebrar, pero sí mucho por hacer, mucho por transformar.
Desde el Observatorio Privado de Evaluación de las Políticas Públicas LGTBI de Aragón escribimos hoy unas líneas en memoria de quienes ya no están y en solidaridad con quienes siguen luchando y, especialmente, de quienes siguen sufriendo la lacra de la violencia sistémica que representa la violencia machista y la transfobia.
El feminismo, el activismo LGTBI, la empatía, la voluntad política y la acción colectiva son las mejores herramientas que tenemos para construir un mundo donde la diversidad y la igualdad sean la norma y no la excepción.
El 20 de noviembre nos obliga a mirar de frente una realidad insoportable: la violencia que se cobra cada año la vida de cientos de personas trans en todo el mundo y las miles de personas trans que vemos cuestionada nuestra existencia. Una fecha que nació para honrar su memoria, poner nombre a las víctimas de los crímenes de odio y visibilizar la discriminación sistemática que sufrimos. Según datos recientes, América Latina concentra una de las mayores tasas de trans-asesinatos, mientras que en otras regiones del mundo la exclusión social, el rechazo familiar y el estigma alimentan tasas alarmantes de suicidio, de asesinatos sociales. En el país, la ley aragonesa trans (4/2018) está muy lejos de desarrollarse y el actual Gobierno de Aragón parece no tener ninguna intención de implementarla a plenitud.
Sin embargo, el 20N no es sólo un día de duelo. Desde el Observatorio es también un llamado urgente a transformar sociedades que perpetúan la transfobia, ya sea mediante la violencia directa o a través de sistemas que nos marginan y excluyen. Este 20N, un año más, reclamamos que las personas trans no sólo necesitamos vivir sin miedo; exigimos vivir con dignidad, acceso a la salud, la educación, el trabajo y el reconocimiento pleno de nuestros derechos, como el resto de la ciudadanía.
Cinco días después, el calendario nos confronta con otra lucha que atraviesa fronteras y culturas: la violencia contra las mujeres. En sus múltiples formas —física, sexual, psicológica, económica, cultural… — esta violencia afecta a millones de mujeres en todo el mundo.
Y, es que, el 25N es un recordatorio de que la violencia machista no es un «asunto privado», sino una cuestión estructural y absolutamente pública que se alimenta de una cultura patriarcal que normaliza el control, la subordinación y la desigualdad, y que encuentra eco en instituciones que fallan en proteger a las víctimas o en sistemas judiciales que nos revictimizan.
Aunque el 20N y el 25N surgen de contextos específicos, ambas fechas están profundamente interconectadas. Las mujeres trans, enfrentamos una doble vulnerabilidad porque somos víctimas de la misoginia y de la transfobia y nuestra realidad no puede quedar al margen de las luchas feministas, porque nuestra existencia misma desafía las estructuras opresoras que ambas fechas buscan erradicar.
Las cifras y testimonios nos muestran que queda un largo camino por recorrer y conmemorar estas fechas no basta; es imperativo exigir políticas públicas efectivas, una educación inclusiva y un compromiso social y político inequívoco para erradicar la transfobia y el machismo de raíz. Además, hacemos un llamamiento a la ciudadanía para cuestionarnos cómo nuestras acciones y omisiones cotidianas perpetúan estas violencias.
