Sexilio y país: cuando vivir implica marcharse y encontrarse conlleva volver

Generalmente hablamos de sexilio para referirnos al desplazamiento forzoso de la comunidad queer desde nuestros lugares de origen (especialmente, desde pequeños municipios) hacia entornos más grandes en tanto en cuanto son considerados más habitables. Dicho de otra manera, la comunidad queer hemos descrito el sexilio como una historia de huida. Una huida necesaria, sí, y demasiado a menudo dolorosa, pero también inevitable en contextos donde nuestra libertad de ser se ha visto condicionada por un entorno social en el que no podíamos desarrollarnos. Sin embargo, creo que esta narrativa, aun siendo cierta, resulta incompleta si no incorporamos una segunda dimensión que en contextos como el aragonés es clave, y es la del retorno.

Yo me sexilié pensando que sólo me estaba yendo, pero me sexilié como parte del camino y como ha hecho – y sigue haciendo – parte de la comunidad. Lo que nadie nunca me contó es que la otra parte de ese camino, menos visible pero profundamente transformadora, fue también la de volver.

En mi caso, yo volví. Y volví porque así lo decidí, ahora bien, hablar de volver no significa regresar al punto de partida, es regresar siendo otra persona, con herramientas, mayor conciencia y, en mi caso personal, con una voluntad explícita de transformar el territorio que una vez me expulsó para vivirme como quiero en el que siempre fue mi hogar.

hablar de volver no significa regresar al punto de partida, es regresar siendo otra persona, con herramientas y mayor conciencia

El Estudio sobre el sexilio en España, del Ministerio de Igualdad con la asistencia técnica de Nacho Elpidio de 2025 señala con claridad que el desplazamiento responde a la búsqueda de espacios seguros, redes de apoyo y posibilidades reales de desarrollo personal pero lo que este diagnóstico deja entrever, y que en territorios como Aragón resulta especialmente importante, es que el sexilio no siempre rompe el vínculo con el lugar de origen. En muchos casos, ese vínculo permanece latente, atravesado por la memoria, la identidad y un sentido de pertenencia que no desaparece con la distancia.

Pero es que, aclaro y declaro, Aragón no es únicamente un territorio del que se sale; es también un territorio del que cuando te vas, miras desde la lejanía, se piensa constantemente y, en muchos casos, es un país al que se decide volver. Pero este retorno, y cualquier otro motivado por el sexilio, no puede entenderse sin el proceso previo de encontrarse.

Si bien estoy de acuerdo con que las grandes ciudades pueden funcionar como espacios de descubrimiento y afirmación para la comunidad queer, esto es, lugares donde la diversidad se visibiliza, donde existen referentes y donde las redes comunitarias permiten nombrarse y reconocerse, aunque se haya perdido mucho en este sentido en lo que llevamos de siglo, también considero que el sexilio es una estrategia de construcción identitaria para muchas personas LGTBI+. En este sentido, no me refiero a que muchas personas tratemos de escapar de la discriminación, que también puede ser, sino más bien a que se trate de encontrar un espacio donde poder ser y construirnos.

Recomiendo encarecidamente leer cómo el estudio nombrado más arriba explica a la perfección cómo la salida del entorno de origen facilita en muchos casos procesos de autoaceptación que difícilmente podrían haberse producido en contextos más restrictivos.

Para muchas personas LGTBI+, lo que antes era percibido como un espacio hostil puede empezar a ser visto como un espacio transformable y por consiguiente conlleva que el hecho de volver deje de ser una renuncia para convertirse en una decisión política y vital.

En Aragón, este movimiento adquiere una dimensión especialmente relevante en un contexto marcado por la despoblación y la necesidad de construir proyectos de vida sostenibles en el territorio. Es más, el regreso de parte de la comunidad queer que ha experimentado el sexilio introduce una variable profundamente transformadora en el medio rural y en las pequeñas ciudades en tanto que no hablamos de un simple retorno demográfico, sino de la llegada de experiencias, discursos, realidades y prácticas que de seguro van a alterar las dinámicas sociales existentes.

Y aquí hay que pararse un poco y reflexionar porque no podemos centrar el sexilio únicamente en términos administrativos o demograficos, hay que abordarlo desde aspectos culturales y emocionales que permiten resignificar el retorno como un acto de compromiso. El retorno, al fin y al cabo, como lo es el sexilio, no es una decisión individual sino que también es una forma de entender lo público y lo colectivo.

No podemos centrar el sexilio únicamente en términos administrativos o demograficos, hay que abordarlo desde aspectos culturales y emocionales que permiten resignificar el retorno como un acto de compromiso

Ahora bien, regresar implica enfrentarse nuevamente a los contextos que en su momento motivaron la salida. Y aunque las sociedades rurales han experimentado cambios, en muchos casos persisten dinámicas de control social, falta de referentes y ausencia de políticas específicas que dificultan la plena inclusión de la comunidad queer. En este sentido, vuelvo a hacer referencia al estudio del Ministerio de Igualdad en el que se subraya que el miedo al rechazo y la falta de anonimato siguen siendo factores determinantes en la experiencia de la comunidad queer en entornos pequeños. Volver, por lo tanto, requiere de la existencia de condiciones estructurales que lo hagan viable y, por ende, de la implementación de políticas públicas.

Aquí es donde la dimensión política del fenómeno se hace evidente ya que si el sexilio es consecuencia de la desigualdad territorial, el retorno será posible en la medida en que esa desigualdad se reduzca. En este sentido, no podemos conformarnos en que algunas personas decidamos volver; es necesario preguntarnos qué políticas hacen posible ese retorno y, sobre todo, qué condiciones garantizan que quienes volvamos podamos quedarnos. En Aragón, esto implica integrar la diversidad sexo-genérica y familiar en las estrategias de desarrollo territorial, en las políticas contra la despoblación y en la planificación de los servicios públicos.

si el sexilio es consecuencia de la desigualdad territorial, el retorno será posible en la medida en que esa desigualdad se reduzca

Creo también que es obligado reflexionar desde una perspectiva más amplia sobre este fenómeno porque el binomio sexilio-retorno invita a repensar el relato sobre el mundo rural y las pequeñas ciudades. Durante demasiado tiempo, el mundo rural ha sido representado como un lugar atrasado o incapaz de acoger la diversidad. Pero nada más lejos de la realidad: sin negar las dificultades existentes y algunas resistencias que ya he nombrado, es necesario abrir una mirada más compleja que reconozca también las posibilidades de cambio.

Las personas LGTBI+ que decimos volver a Aragón estamos, en muchos casos, desafiando esa narrativa y demostrando que el territorio puede ser transformado desde dentro, ayudando a la construcción de una identidad aragonesa inclusiva. Y, es que, no puede haber un proyecto de país que excluya o expulse a parte de su población. Por ello, el retorno de personas sexiliadas puede interpretarse como una forma de reapropiación del territorio o como un acto de afirmación que reivindica el derecho a vivir en Aragón en igualdad de condiciones.

Finalizo. Hablar de sexilio y retorno en Aragón es también hablar de arraigo, pero no únicamente desde quienes se marchan y vuelven, también desde quienes nunca se fueron. Desde esa ingente cantidad de personas LGTBI+ que han decidido quedarse, sostenerse y resistir en sus pueblos y ciudades, incluso cuando todo invitaba a marcharse. Son quienes, con una mezcla de resiliencia, convicción y exposición cotidiana, han hecho posible abrir grietas en contextos que parecían inamovibles y son quienes han construido vidas dignas sin renunciar a su país, transformándolo desde dentro, sin anonimato y muchas veces sin red. Porque también ahí, en esa permanencia que no siempre se reconoce, hay una forma profundamente política de existencia que ensancha Aragón y lo acerca, paso a paso, a ser un territorio donde vivir no implique irse para poder ser.

Ministerio de Igualdad. (2025). Estudio sobre el sexilio en España. Secretaría de Estado de Igualdad y para la erradicación de la violencia contra las mujeres. Elaborado con la asistencia técnica de Ignacio Elpidio Domínguez Ruiz.