El 28J es una fecha especial para toda la comunidad queer porque es un día de encuentro, resistencia, resiliencia, desobediencia y alegría en el que celebramos lo conquistado, recordamos de dónde venimos y reafirmamos hacia dónde no vamos a volver. Y aunque no es únicamente una fecha, el Orgullo es fundamentalmente una fecha que aúna pasado y memoria, presente y realidad y futuro y esperanza.
En este 2026, el Observatorio reconoce a todas aquellas personas LGTBI+ que no han llegado a nuestros días y a aquellas otras cuyas vidas han estado marcadas por la represión y la violencia, en especial, las personas mayores de la comunidad.
A vosotras, vosotros y vosotres, que conocéis la persecución, la encarcelación, la humillación y la violencia. A quienes os hicisteis fuertes ante los intentos de expulsión de lo público, de lo político y lo cotidiano y a quienes resististeis, tenéis todo nuestro respeto y gratitud. Vuestros cuerpos hoy mayores sostienen nuestra memoria. Y si algo tenemos claro es que sin memoria no hay orgullo y no hay orgullo sin historia.
Durante 39 años ininterrumpidamente, desde la primera gran manifestación de un orgullo en el estado español, la comunidad queer ha cargado orgullo a orgullo contra la Ley de Peligrosidad Social y contra la criminalización de la homosexualidad, a favor del matrimonio igualitario y las familias, por el derecho a ser y la autodeterminación del género, frente al odio, el cis-monosexismo, las guerras, los genocidios y la poca respuesta social al VIH. Desde estos casi 40 años hemos caminado de la mano del feminismo que nos integra a todas, del movimiento laico, que garantiza la igualdad de oportunidades, y del sindicalismo, ejemplo de lucha colectiva.
Desde entonces hasta hoy, cada derecho ha sido conquistado por la comunidad, nunca ha sido concedido. Bien lo sabemos.
Y bien lo sabemos porque nuestra comunidad no es un grupo de personas que sean meras espectadoras de la historia, es parte activa de su propia transformación. Por ello, los derechos de los que hoy disfrutamos en el estado español han sido posibles gracias a un activismo organizado que ha sido, es y debe seguir siendo el motor democrático de nuestros avances en derechos.
Desde la calle, desde asociaciones de todo tipo, desde las entidades LGTBI+, desde los ámbitos culturales, educativos y deportivos y desde los centros de trabajo pero también desde nuestras vidas cotidianas la comunidad queer construimos ciudadanía donde antes había exclusión. Y es por ello por lo que sabemos que sin activismo no hay derechos, sin organización no hay igualdad y sin comunidad tampoco existe libertad.
Pero la igualdad no puede depender tampoco de un código postal. En nuestro país, en Aragón, sabemos que no es igual vivir la diversidad en una ciudad que en un pueblo, en una comarca de interior o en una zona de montaña. Y también sabemos que durante demasiado tiempo los derechos se han concentrado donde se concentran los recursos, dejando atrás a muchas personas y dejando a un lado muchos espacios del territorio.
Desde el Observatorio defendemos un modelo social y público en el que las as políticas de salud, educación, servicios sociales, dependencia, vivienda, salud mental y juventud, que deben traducirse en servicios de proximidad real. Y lo hacemos porque entendemos que no hay igualdad si no hay acceso a los recursos; no hay libertad si no se cuenta con atención, y no existe dignidad cuando el territorio te expulsa y te sexilia.
Contamos con legislación, así que en este 28J nuestra exigencia es clara: aplicar nuestras leyes en la vida cotidiana de las personas: que se note en las consultas médicas, en el aula, en las residencias, centros de trabajo, administraciones, tanto en entornos rurales como urbanos.
Desde el Observatorio urgimos también a que se pongan en marcha políticas concretas para las personas mayores de la comunidad, que necesitan vivir con dignidad, sin volver a armarios que creíamos superados; para las personas LGTBI+ con VIH, que siguen enfrentando estigma social y barreras sociosanitarias; para muchas personas del colectivo que sufren problemas de salud mental como consecuencia de años de discriminación, violencia y silencios; para las personas trans, para las que siempre hay una excusa para no atender, una justificación para darles un retraso en un tratamiento o un trato deshumanizador.
Y es que, este 28J, que es mucho más que un orgullo o un mero pride, es la expresión de lo que somos: una resiliencia compartida y una comunidad interconectada.
La derecha y la extrema derecha saben bien que no somos una suma de identidades aisladas. Saben que caminamos junto al feminismo, junto a las personas migrantes, junto al mundo rural, junto a las personas con discapacidad, junto a quienes luchan por la justicia social. Saben que nuestra fuerza está en la diversidad que nos une y es ahí donde atacan porque intentan generar brechas.
Pero no lo van a conseguir. Es más, hoy señalamos con claridad a quienes amenazan los avances conquistados: a quienes desde la derecha y la extrema derecha utilizan la diversidad como arma política, a quienes promueven discursos de odio, división y retroceso, y también a quienes, desde la indiferencia institucional, permiten que los derechos no se apliquen.
Desde el Observatorio combatiremos el retroceso, sí, pero también el silencio y la neutralidad ante la desigualdad.
Por un Aragón de derechos en cada cuerpo, en cada vida y en cada rincón.
Por un Aragón multicultural, multirracial, diverso y lleno de color.
