Que nadie tenga que volver a esconderse

Que nadie tenga que volver a esconderse

Los derechos no siempre desaparecen de golpe. A veces se van perdiendo poco a poco, casi en silencio. Primero se cuestionan, después se recortan, más tarde se dejan sin recursos. Y un día descubrimos que aquello que tanto costó conquistar vuelve a estar en discusión.

Eso es lo que está en juego cuando hablamos de la posibilidad de un Gobierno del Partido Popular con Vox en España. Y no, no estamos hablando de fantasmas inventados para asustar a nadie. Estamos hablando de propuestas políticas, de decisiones que ya se han tomado y de derechos que podrían retroceder.

Vox ha pedido formalmente la derogación de la ley estatal que protege a las personas trans y al conjunto del colectivo LGTBIQ+. El Partido Popular ha planteado modificarla para limitar la autodeterminación registral de género. En la Comunidad Valenciana, las reformas de PP y Vox sobre menores trans llegaron tan lejos que el Tribunal Constitucional ha mantenido suspendidas algunas de sus disposiciones.

Y en Aragón sabemos bien que no hace falta derogar una ley para empezar a vaciarla de contenido. Basta con eliminar una línea de ayudas de 161.000 euros destinada a proyectos de apoyo a personas LGTBIQ+ y sus familias, como ha sucedido este año.

Pero detrás de cada una de estas decisiones hay personas.

Hay adolescentes que necesitan que su instituto sea un lugar seguro. Hay familias que quieren acompañar a sus criaturas sin miedo. Hay personas trans que bastante han tenido que luchar para que se reconozca su identidad como para volver a justificar quiénes son. Hay parejas que todavía recuerdan lo que significaba esconderse, medir los gestos, soltar una mano en mitad de la calle.

Y hay generaciones enteras que conquistaron el derecho a vivir sin pedir permiso.

Me preocupa especialmente que hayamos empezado a hablar de los derechos de otras personas como si fueran privilegios discutibles. Como si reconocer la identidad de alguien nos quitara algo al resto. Como si la libertad fuera un espacio tan pequeño que necesitáramos expulsar a unas personas para que cupieran otras.

No lo es.

La libertad se ensancha cuando todas las personas podemos vivir sin miedo. Y una sociedad que cuida es aquella que protege especialmente a quienes han tenido que pelear más para ser reconocidas.

Por eso, defender los derechos LGTBIQ+ no consiste únicamente en defender unas leyes. Es defender la posibilidad de enamorarse, de crecer, de formar una familia, de ir al colegio, de encontrar trabajo y de hacerse mayor sin tener que esconder una parte de lo que somos.

Hemos avanzado demasiado como para aceptar que algunas vidas vuelvan a convertirse en motivo de debate permanente.

Porque ningún derecho conquistado debería depender de cuánto incomode nuestra existencia a quienes gobiernan.

Y porque nadie, absolutamente nadie, debería tener que volver a esconderse para sentirse a salvo.